PERÍODO MUROMACHI (1333-1573)
En cuanto a los jardines encontramos un avance en las tipologías, viendo así tres modalidades o clasificaciones en los tipos de jardines.
Es el segundo período de la tercera fase del arte japonés.
En este período comienzan las guerras civiles, en las que diferentes ramas de la familia imperial comienzan a luchar entre sí. Una nueva rama de shogunes
adquiere el poder, Yoshimitsu es el nuevo shogun y se lleva la capital a Kioto, con el objetivo de controlar a la corte cercana y al mismo tiempo recibir el
apoyo de la misma; todo ello, da lugar a un renacimiento artístico de esta zona. Consecuentemente volvemos a tener un arte muy influenciado por China, debido a
los contactos que fomenta Yoshimitsu con la idea de ampliar las fronteras, mientras que en el período anterior teníamos un arte más propio japonés.
Este florecimiento cultural y artístico alcanzó su máximo exponente con las figuras de Ashikaga Yoshimitsu, el tercer Shogun del linaje, y Ashikaga Yoshimasa, el
octavo Shogun Ashikaga. Con el primero se construyó, en el año 1397, el Pabellón de Oro (Kinkakuji), y con el segundo, en el año 1489, el Pabellón de Plata
(Ginkakuji).
También entramos en una época de esplendor económico y cultural por varios motivos, que según Whitney (1993): la clase militar se va añadiendo en la
cultura de la aristocracia, y facilitó el interés entre los bushi por la etiqueta, la poesía, la música y la literatura. También hubo unas relaciones de expansión entre Japón y China por medio de la construcción de barcos, gracias a ello, pues Japón pudo entrar en contacto con la Corte Ming, por eso en este período vemos en el arte japonés mucha influencia de esta corte. Y no sólo en el arte japonés, sino que también en la religión, que fue principalmente la zen, que hasta la élite japonesa se apoya de los monjes zen para hacerlos sus consejeros.
Durante el reinado de Yoshimasa en particular, surgió la cultura Higashiyama (1483-1490) en la que floreció la ceremonia del té (Chadō) y su cerámica, el arreglo floral (Ikebana), el teatro japonés (Nō y Kyogen), la pintura china (Sumi-e) y los conceptos de estética sabi, wabi y shibumi.
Además del florecimiento de la cultura Zen, los últimos años del periodo Muromachi trajeron también el cristianismo de manos de portugueses y españoles. El Shogunato Ashikaga fue lo suficientemente tolerante con la nueva religión como para que esta lograse finalmente expandirse por toda la zona occidental y centro-occidental del país (desde Kyushu hasta la región de Kinki). Pero la expansión del cristianismo entre la población japonesa no fue exclusivamente por motivos religiosos.
También fue importante el gran interés que existió entre los grandes daimyo por el beneficio potencial que tenía apoyar a los misioneros para obtener beneficios comerciales, y sobre todo, para tener acceso a las armas de fuego.
Construido originariamente en Kioto, la arquitectura mezcla la estética simple japonesa, como la que hemos ido viendo en todos los templos hasta ahora, pero con la riqueza decorativa de China. Inicialmente como villa de descanso para shōgun Ashikaga Yoshimitsu. Por eso, estructuralmente en este palacio real,
conocido como el “Pabellón de Oro”, sigue siendo de tradición japonesa pero el color dorado es una influencia china en referencia a la familia imperial china.
Exquisitez china en la decoración, porque la madera sigue siendo el elemento arquitectónico principal, pero en este caso es lacada y sobredorada. Lo
importante es que mantiene la estructura de los templos japoneses vinculado al entorno de la naturaleza y al jardín zen, pero insertando numerosos pabellones
que tendrán diferentes usos. Edificio de 3 plantas, que funciona como shariden donde se guardaban las reliquias de Buda.
En este caso, el pabellón de oro sería el más grande, la residencia principal del shogun. Allí se llevaban a cabo actividades culturales, de encuentro, como la ceremonia del té o recitales de poesía; pero tras la muerte del shogun terminó por convertirse en un templo budista.
La división en alturas respecto a la que habíamos alcanzado en el período anterior aumenta, reflejando en cada una de ellas diferentes estilos; de hecho, en el primer pido encontramos es estilo palaciego del periodo Heian, donde destacan una terraza balaustrada y un exterior blanco que destaca con el dorado superior. En el primer piso, encontramos la sala para los encuentros y reuniones, y un piso intermedio para el día a día y el descanso, dónde encontramos una arquitectura más de estilo feudal recubierta de pan de oro sobre laca japonesa. Finalmente, en la tercera planta, encontramos un ámbito mucho más privado donde podría retirarse el shogun para la meditación o cualquier precepto de ámbito religioso porque le permitía otear todo ese jardín que rodeaba el pabellón; por ello, encontramos una arquitectura más de estilo zen en cuyo interior encontramos una triada de budas y veinticinco figuras de Bodhisattvas.
Se conecta el espacio aterrazado de la planta baja con el estanque que rodea todo el pabellón y que hace que se pueda reflejar el edificio por completo. Es
un juego óptico pero unido al uso del dorado nos habla de ese poder del nuevo shogun y de la materialización de su riqueza.
En cuanto a los jardines encontramos un avance en las tipologías, viendo así tres modalidades o clasificaciones en los tipos de jardines.
Jardín estilo Tsukiyama:
Es un jardín completamente artificial, creado como parte de alguno de los templos, al que se le denomina “jardín de paisaje". Está formado por pequeñas colinas, lagos,
puentes, y tiene grandes dimensiones para tener vistas panorámicas. La vegetación común de estos espacios son el bambú, así como diversos tipos de flores y árboles. Además, como típico de los jardines japoneses que se puede apreciar en eta tipología es la imperfección y la asimetría, creando un equilibrio entre la naturaleza y la presencia humana.
Jardín estilo Hiraniwa:
“Jardín de la meditación”. Es el que heredamos de modelos anteriores, de los jardines zen. Con piedras, árboles de pequeño tamaño, musgoe árboles de hoja
perenne como el pino negro japones y de caduca como el arce japonés; y destinado para la meditación zen, realizados en los monasterios, contemplándose desde una plataforma ubicada entre ellos. Suelen contar con lago o estanque, diversos pabellones y linternas de piedra.
Jardín estilo Ryoan-ji:
“Jardín parcela”. Incorpora rocas, estanques, linternas; y busca la fusión de los elementos de la naturaleza con los decorativos pero en tamaños más reducidos.
PINTURA
En la
pintura se sigue manteniendo el estilo pictórico del Yamato-e, el estilo
japonés, pero tenemos dos vertientes que pertenecen a dos estilos académicos
diferentes que se clasifican en dos escuelas.
Escuela Tosa. Su máximo exponente
es Yukihiro. Se caracteriza por la representación de las cuatro estaciones,
siempre vinculadas a la naturaleza. Uno de los temas más recurrentes dentro de
la representación de la naturaleza es el bambú, que dependiendo de la época del
año la hoja estará más o menos florecida. Su auge se da en el Periodo
Azuchi-Momoyama (1573-1603 y continua Edo (1603-1868). Con una tradición de
épica japonesa de escenas históricas y paisajes.
Escuela Kano. Su máximo
exponente es Masanobu. Aunque también trabaja la pintura de paisaje, suele
aparecer la figura humana, no de manera protagonista porque es tema secundario
del paisaje, pero se contextualiza en el sentido más espiritual de la conexión
entre el hombre y la naturaleza. Patrocinada por grandes figuras como Oda
Nobunaga, Toyoto Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, y un arte oficial por el
shogunato, con una gran cantidad de encargos oficiales.
Técnicamente, difieren
entre la escuela Tosa que es una naturaleza de primer plano, mientras que la
escuela Kano desarrolla la profundidad, disminuyendo el tamaño de los fondos,
incorporando montes o nubes.
Por otro lado nos encontramos con el surgimiento de
la pintura vinculada al mundo zen, igual que los jardines, y se denomina pintura
Sumi-e, la nueva rama de la pintura zen. Entendiendo los preceptos de la pintura
zen, que busca el adoctrinamiento, en general la pintura que se hace vinculada a
ella, también va a tender a ser moralizante. Lo curioso es que a nivel técnico
recibe una gran influencia de la pintura china, principalmente de la dinastía
Song.
De los grandes artistas del Sumi-e, tenemos a Josetsu que pinta una escena
pescando un pez claro. En ella vemos la integración del hombre con la
naturaleza, casi el hombre desvirtuado, para lo que utiliza la misma tonalidad
cromática para ambas cosas. la manera de trazar los contornos de los paisajes y
de las figuras, a través de un movimiento de pincel rápido y siendo una
pincelada única de la línea, reflejaba esa personalidad del artista vinculado
también a los conceptos del universo (la pincelada es única, como el universo,
no tiene principio ni fin). Se rechaza lo artificial y todo lo que evita
alcanzar el satori, por lo que se piensa que este tipo de pinturas tienen un
significado oculto dentro de tener una representación de la vida cotidiana, y
que enfrentándose a estas obras a través de una meditación superior se podría
llegar a conocer el camino y alcanzar el satori. Vinculación con la estética
zen.
El otro artista vinculado a esta pintura es Shubun, que de la misma manera
que se habían llevado a la escultura los monjes, también se llevaron a la
pintura. Los monjes Han-san y Shin-ten transmiten felicidad hasta el extremo,
sonrientes porque han alcanzado el satori. Quiere representar a través del
rostro el sentimiento de espiritualidad. La vinculación que tenemos al
representar unos rostros que ya no son tan realistas como hemos visto en la
escultura, sino que generalizan la expresión de una emoción, son las máscaras
que se utilizaban para el teatro kabuki.
El trazo de esta pintura también es
diferente, aunque vemos de nuevo trazos continuos y únicos, es un trazo mucho
más suelto y se matizan los colores de las túnicas licuando una tinta, con una
técnica que vimos bastante en el arte chino (aguada), por lo que los colores se
aguan un poco.
El último artista es Mokuan. También es un monje que representa
el desapego a todas las cosas materiales, siguiendo el principio del budismo,
que alcanza el satori y que su rostro nos transmite felicidad y satisfacción, a
pesar de la pobreza que le rodea. Ese minimalismo en su vida se ve reflejado en
la técnica. En este caso todavía queda mucho más patente la vinculación con la
aguada china.
Tenemos otro artista que es difícil de encasillar, aunque está
dentro del movimiento zen pero algo más libre a la hora de expresarse.
Representa desde elemento del paisaje de una manera mucho más definida como en
el “Paisaje de invierno”, con un estilo en el que predomina la línea y las
matizaciones en negro, marcado por una geometría de los elementos que componen
el paisaje, un esquematismo rígido y ordenado; de la misma manera que hace un
estilo muy diferenciado, marcando una pincelada muy rápida y práctiicamente con
manchas de color. Podemos ver que arranca con la figura del simio, en la que
desaparece que toda la contextualización del animal (vemos el árbol del que
pende) y que todavía avanza mucho más en el “Paisaje junto a un lago” que
realmente son manchas que uniéndolas nos permite intuir el conjunto.
En este
último estilo es en el que más destaca, donde más se acerca al pensamiento zen,
y buscando el desprenderse de todo lo artificial y que nos molesta para alcanzar
el satori, deja mucha parte de la superficie en blanco y en el menor número
posible de pinceladas sugiere el paisaje.
BIBLIOGRAFÍA
- Laura (26 de septiembre de 2023). El
templo Kinkakuji o pabellón dorado de Kioto. Japonismo.
https://japonismo.com/blog/viajar-japon-el-templo-kinkakuji-de-kioto.
- López-Vera, Jonathan (19 de agosto de 2016). Primera mitad del periodo Muromachi
(1336-1467). HistoriaJaponesa.com.
https://historiajaponesa.com/primera-mitad-del-periodo-muromachi-1336-1467/.
- Kondo, A. (1999). Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650),
Guipúzcoa: Nerea.
- Whitney, J. (1993). El Imperio Japonés, Madrid: Siglo XXI.
- Parker, J. (1995). The Hermit at Court: Reclusion in Early Fifteenth-Century
Japanese Zen Buddhism, Journal of Japanese Studies, 21 (1): 103-120.
- Vives Rego,
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Desde sus orígenes hasta 1868. Madrid: Amazon.
- Gutiérrez, F. G. (1967). El arte
del Japón (Colección Summa Artis, Vol. XXI). Madrid: Espasa Calpe.
- Tsudzumi, T.
(1932). El arte japonés. Barcelona: Gustavo Gili.
- Jiménez Martín, Pedro Jesús (1
de abril de 2020). Periodo Muromachi (1333-1573).
https://blogs.upm.es/culturafisicaoriental/2020/04/01/periodo-muromachi-1333-1573/
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