BUDISMO EN CHINA
La introducción del Budismo tras la pérdida de la dinastía Han, supuso un momento de transición en el país. Se caracteriza por un período de rivalidad entre distintos reinos, en concreto tres: norte, sudoeste y sudeste. Debido al confuso panorama dinástico, se fractura la solidez ideológica del imperio Han, basado en la colectividad, hacia un mayor individualismo del individuo, prosperando el taoísmo, lo que favoreció la vía artística. Pero esto tuvo que sobrevivir con la llegada del budismo en el siglo IV e inicios del V (aunque algunas fuentes citan la existencia de algunas traducciones budistas en china entorno al siglo I-II), que se transmite desde la India y llega a China gracias a la Ruta de la Seda, que más tarde llegará a Japón. Al final, todo pensamiento, cómo es el Budismo, se transmite al arte, a sus necesidades, y sobre todo se centra en la arquitectura. Sin embargo, hablamos que el Budismo se fusiona con las filosofías con las que conviven en el momento, el Taoísmo y el Confucionismo, pues había muchas cosas en común entre ellos, cómo ese concepto de búsqueda de la individualidad, del dejar fluir, el desprenderse de las cosas materiales, etc. Precisamente por esa importancia de las primeras comunidades de monjes budistas que se asientan en China, empezamos a ver vinculada a las principales rutas comerciales, sobre todo la zona norte, la aparición de los primeros santuarios, los cuales estarían excavados en la roca siguiendo los modelos de la India.
Uno de esos templos excavados en la cueva que se encuentra en una de las rutas comerciales es las Cuevas de Mogao (Dunhuang, ss. V-XIII), que serían asentamiento de esta primerísima comunidad en la ruta norte, que aunque surge en este periodo de las tres dinastías, se irán ampliando y redecorando hasta la dinastía Yuan (1271-1368). Además, el complejo fue descubierto arqueológicamente a comienzos del siglo XX, lo que conlleva a la creación del Instituto de Investigación de Dunhuang. Si nos fijamos la datación inicialmente en el siglo V con este concepto, pero las últimas construcciones que aparecen son del siglo XIII porque las comunidades budistas siguieron vinculadas a las cuevas y cambiando el gusto, lo que significa que tenemos algunas cuevas donde la pintura y la escultura budista es más arcaizante y otra que se levantaron en periodos cronológico más tardío pues más realista. En la arquitectura encontramos adaptaciones de los modelos procedentes de Asia Central, por lo que el pilar central de la gruta se suprime sobre el siglo IV, adquiriendo su tradicional construcción en madera, planta cuadrada y techumbre cóncava; además, el nicho posterior se sustituye por un altar central que permitió el aprovechamiento de los cuatro paños laterales.
Lo interesante de estas cuevas es el interior que está completamente cubierto con pinturas y esculturas. Podemos decir que el trazo es más continuo, lineal de todos los perfiles del cuerpo; como el uso de colores es mucho más vivido en esta cronología temprana que en la India, y como la composición no sirve un orden estructurado, es decir, que no son bandas horizontales sino que dependiendo del área porque son pinturas murales en el que se va a insertar la temática que querían representar la figura pues se mueven libremente por el espacio, podemos decir una adaptación al medio. Vemos personajes muy alargados, estilizados hacia arriba, verticales, donde los artistas se permiten casi ciertas licencias creativas, entra un poco el imaginario a la hora de representar estos seres que vienen a ayudar a la humanidad y que pues van a tener rostros esquematizados y abstractos prácticamente como podríamos denominarlo hoy día huyendo de esa representación formal que se exigía en la pintura. Ejemplo: Pintura mural de la dinastía WEI. S.VI.
Por otro lado, la pintura que se van a hacer un poquito más tardías como de la dinastía de los TANG en estas mismas grutas, se nota un aire más oficial, donde además, toda esta serie de ilustraciones de los sutras que aparecen en las primeras cuevas van dejando paso a los textos más oficiales, más canónicos, como aquí que vemos a Siddhartha Gautama, a nuestro querido primer Buda debajo del árbol haciendo una predicación a los monjes. Temática mucho más oficialista en ese sentido y con un carácter más de intentar captar adeptos, es decir, la parte histórica del budismo, esto que está pasando esas teorías y un poco vinculadas al mundo ancestral; y los colores también se apagaban de una manera bastante notable. Las figuras son más realistas, ascienden de tamaño, más colosales, pero más proporcionadas, más armónicas, la inserción de las escenas en grandes paisajes va a llevar también a que progresivamente pues terminé por independizarse el género exclusivo del paisaje frente a estas primeras épocas. Todas estas pinturas también se realizaban sobre papel y seda, mayoritariamente en forma de colgadura para celebraciones, las cuales varían el tamaño según el tema y el gusto del donante.
La escultura no fue muy cuantiosa, pero sí de gran calidad y la introducción del Budismo permitió su desarrollo en el territorio: al principio, se optó por un altorrelieve de Buda junto a dos bodhisatvas. Sin embargo, en época WEI, encontramos una mayor independencia del muro, con gestos y movimientos más elegantes; aunque, los mayores ejemplos serán de la dinastía Tang, donde encontramos mayor robustez y número de personajes los cuales adoptarán diversidad de posturas y una expresividad contenida. Además, estas se policromaban para reforzar sus expresiones y enriquecer sus vestimentas.
BIBLIOGRAFÍA
Barlés Báguera, E. (1997). Lo mejor del Arte del Extremo Oriente. Historia 16 (16), 12-17.
Cervera Fernández, I. (1989). Historia del Arte: El arte de China. Historia 16 (23), 72-88.
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