EL IMPERIO CHOLA

EL IMPERIO CHOLA

La zona norte de India tuvo un esplendor más corto en el tiempo porque fue la zona conquistada primero por los musulmanes, mientras que el resto se iba refugiando en el sur. Las dinastías de este periodo están en constante conflicto militar entre ellas porque en el sur había mucho menos terreno habitable que en en el norte. La primera de ellas es la de los PALLAVA (s. III-IX), que usurparon el poder de los ANDRA (budistas). En el siglo VI dominan todo el sur y son derrotados por una segunda dinastía en el s. IX, por los CHOLA (s. IX-XIII).


Los Chola dominaron a los Pallava y tendrán una longevidad bastante extensa desde el siglo IX hasta el XIII. Tienen una época de mucho esplendor bajo el reinado de Raja Raja I, que decidió que sus cronistas reflejasen a través de la literatura todo lo que aconteció en su época, por lo que es más fidedigno lo que sucedió en su periodo al estar escrito en papel.

La capital es Thanjavur y adquirirá tanta importancia que será el foco donde todos los talleres artísticos se desarrollen. Todos los artistas comienzan a huir del norte y se asientan en el sur en este periodo bajo el amparo de los Chola, que financiaron la literatura y estudios, creando así espacios para que estas personas tuvieran cabida y pudieran seguir avanzando.

Raja Raja I va a ser adorador de Shiva y por tanto decide engalanar su capital con muchísimos templos, registrados en las crónicas hasta 75 en una sola ciudad. El más importante de ellos es el:


Templo de Brihadisvara / Rajarajaeshvaram. Significa “adoración al rey de reyes”, no solo a Shiva sino también a su propia persona. La fecha de construcción es el año 1010 d.C., la cual conocemos por las crónicas y porque está escrita en el propio templo. Es el mayor templo drávida construido hasta el momento y por ello se convirtió en un ejemplo a seguir de la arquitectura Chola. Las arquitecturas de época Pallava son el punto de partida para las edificaciones pero los Chola las enriquecen mucho más, son más altas y están más desarrolladas.

Este templo está dedicado a Shiva Rudra, que significa potencia purificadora de los fuegos. Se coloca dentro de un gran recinto amurallado al que en el siglo XIII (con otra dinastía distinta) se le colocará una puerta torreada que también instaura un modelo propio de la arquitectura drávida del sur: el gopuram.

En el interior de la muralla hay muchas mandapas adosadas al muro. Mantienen la estructura axial que hemos visto en los templos Rajput del Norte con una primera sala independiente destinada al Toro Nandi. A continuación, unida, encontramos la mandapa destinada a los fieles. Seguidamente, una mandapa o antesala para el dios (jaga-mohana) y por último la Gharba Griha con el Shiva Rudra. Sobre la cubierta de esa sala se toma el modelo de los Pallava, haciendo una gran torre escalonada de 13 pisos que parte de una base cuadrada y desciende en tamaño en altura, hasta rematar con una stupika (un monolito de 80 toneladas de peso), cuya ubicación y colocación todavía se está teorizando cómo se pudo llevar a cabo. Este modelo de cubierta va a recibir un nombre en esta época por su oficialización: vimana. Sería la equivalencia de las llamadas shikaras del norte, pero la estructura es diferente. Esta vimana alcanza una altura total de 66 metros y lo más destacado es cómo no encontramos esos pilares soportando el peso decorativo que sí veíamos en la época de los Pallava, sino que aquí se hace todo como un solo bloque en el que va decreciendo la decoración tanto arquitectónica como escultórica. Da una sensación visual más compacta y equilibrada si lo comparamos con las primeras experimentaciones de los Pallava.

La hipótesis más viable para entender cómo llegó la stupika hasta allí es que se hiciese una enorme rampa de piedra desde un pueblo a kilómetros de esta zona para que la pendiente no fuese muy excesiva. Dicen que 3.000 elefantes a lo largo de esa rampa tirarían del bloque hasta esa altura.


Para construir este templo se fijaron en los vastu sastras. Para la planta se idea un mandala: este en concreto es un mandala de lotus sagrado. Se convertirá en el modelo clásico del arte drávida, contando con 16 espacios multiplicados por sí mismos: el templo se podría dividir en 16 por 16 partes. El número total de partes se dividiría en uso de diferentes colectivos. 16 partes para Brahma, 84 para el resto de las deidades, 96 para el mundo de los hombres y 60 para el espacio de los espíritus. El número 16 se debe a la cantidad de pétalos de la flor de loto.



La pintura estaba en el exterior, en el pasillo que quedaba entre el muro y el templo, que medía 1,5m. Se pintaron con la técnica del fresco y la dinastía que vino tras los Chola decidieron pintar por encima. Las cubrieron sin dañarlas pero aplicaron una capa encima. Esa capa de encima se había desprendido y se veía parcialmente las pinturas de época Chola. Son las más antiguas de zona drávida y medianamente bien conservadas. Vinculadas a Shiva y a personajes que aparecen en el Ramayana y en el Mahabharata (a los héroes míticos de las grandes epopeyas). Fuerte carácter didáctico para los fieles. Dentro del Garbha Griha también han aparecido pinturas mejor conservadas donde aparecen toda una serie de danzantes con carga sensual que rodearían la figura del Shiva Rudra en una señal de adoración perpetua.




Bronces Chola. También se realizó una escultura en bronce creada en talleres muy avanzados, que consiguieron dominar el metal para imágenes de culto que instaura el modelo de Shiva. Principalmente se realizó el Nataraja, que se solía colocar a gran escala en los Garbha Griha de todos estos templos pero que también se van a ir vendiendo en pequeños formatos para cultos en templos de tamaño más reducido en el sur de la India y en colonias como Sri Lanka, Birmania y Java. Lo encontramos en el siglo X y XI como representación de Shiva y hoy sigue siendo la representación más popular.





La iconografía de este Shiva Nataraja es una figura inserta en una aureola cósmica llameante. La figura estilizada baila triunfando sobre la ignorancia, por eso a sus pies se representa un enano monstruoso aplastado. Viste como un príncipe Chola: grandes collares, brazaletes, tobilleras… engalanado con la mejor joyería. Destaca un gran tocado sobre la cabeza con el que estaría recogiendo las aguas de Ganga, que se van diluyendo por su larga cabellera que aparece a los dos lados de su cabeza.

Aparece con múltiples brazos, en este caso 4, que son símbolo de la omnipotencia. En cada uno porta un elemento específico. Su mano trasera derecha lleva un tambor, símbolo del ritmo creador. En la izquierda trasera fuego de la destrucción y la purificación del mundo. En la derecha delantera un mudra característico (dedo pulgar flexionado: Abhaya Mudra), que significa ausencia de terror. En la izquierda delantera otro mudra (se inclina balanceándose como símbolo de fortaleza, como la trompa de un elefante: Gaja Hasta Mudra). Es a la vez destructor y constructor.

Iconografía creada por los Chola porque combina en una sola figura las características más importantes de Shiva, dándole ese papel destacado que ya tiene dentro del hinduismo y que transmite esa idea básica del Samsara para los creyentes. A la vez, se ha hecho extensible al concepto de la propia India como nación, por eso hoy día se sigue haciendo como iconografía. A pesar de todas esas dinastías, de la islamización, de los británicos… la India muere y renace en un ciclo infinito. Han asimilado esas ideas de carácter religioso manifiestas en Shiva hacia lo que es el espíritu de la nación.

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